La ciudad más amada, por José Joaquín Gallardo

La ciudad más amada, por José Joaquín Gallardo

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> Eres tú la responsable de la singular idiosincracia de quienes tenemos la suerte de habitarte. Somos como somos porque respiramos tu luz y nos acaricia tu aire, tan distintos a los que vivifican la existencia en las demás latitudes del mundo. Somos identitariamente reconocibles en nuestra diversidad, porque a la postre somos todos vecinos tuyos. Hijos de tu embrujo y tu poesía e inmersos en las pinceladas magistrales que te configuran como bellísimo espacio de vida. Somos definitivamente tuyos, querida ciudad, porque eres tú quien estimulas nuestra existencia.
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> Siempre he sentido la necesidad de agradecer a Dios haber nacido aquí, que ha de ser Él mismamente quien se ocupa de geolocalizarnos y enmarcarnos en un tiempo de la historia. Las circunstancias de la vida nos sobrepasan por encima de todas las ciencias, pero es seguro que nunca vienen determinadas por la mera eventualidad. Ante tantas incógnitas inexpugnables sólo nos quedan las creencias. Está escrito el lugar y el tiempo exactos en que hemos de nacer. Nunca es casual la llegada de un nuevo ser, que todo españolito viene al mundo para que lo guarde Dios como escribió Antonio Machado, quien también recordó en sus versos que lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos … caminos sobre la mar. Pero en definitiva, pasar.
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> Por eso emocionan tanto la niñez y la senectud, que a fin de cuentas ambos periodos de la vida simbolizan la inocencia y la bondad, reflejadas en las miradas siempre limpias del anciano y el niño. El origen y el destino de toda existencia están en Aquel que anduvo sobre la mar, al que le cantó por saeta ese poeta de esta tierra. Es un privilegio que lo uno y lo otro suceda en esta ciudad en la que también habitan Jesus del Gran Poder y su santísima Madre, siempre Esperanza nuestra. Insuperables adalides de un vecindario agradecido por esa bendita proximidad que humaniza lo divino.
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> Este lugar es históricamente crisol de culturas, razas, ideologías y religiones, pero es además desde hace ocho siglos una metrópolis ecuménicamente cristiana y profundamente mariana. Esta ciudad es una invención de la historia fatalmente atractiva para todos, que logra enamorar a quienes la vivimos, a los visitantes y a aquellos que la sueñan. Este enclave es toda una gracia del Cielo.
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> Se ha escrito mucho de sus calles, jardines, plazas, tesoros, obras de arte, monumentos, fiestas y también de la manera de ser de sus lugareños. Pero nadie ha logrado aprehender y plasmar del todo su esencia en una frase, un verso o un poema definitivo. Yo no me atrevería ni a intentarlo. Su mejor definición es la bellísima sonoridad de su nombre, que es una interminable exclamación repleta de duendes, colores, olores, sensaciones, emociones y luz … sobre todo una hermosísima luz, muy distinta a toda la diversidad de luces del mundo.
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> Su indescriptible espíritu anima la vida de una manera especial. En esta milenaria urbe cada recoveco y cada esquina evoca un verso, cada monumento es historia viva del pasado y cada nuevo día se transforma en una sinfonía de colores que eleva el alma. Su atractivo está en ese embrujo que deambula por el aire y nos hace sentir la trascendencia. Esta ciudad es en sí misma una divina obra de arte donde se conjugan en exquisita mezcolanza lo etéreo y lo palpable, los sueños, las realidades, las emociones, las sensaciones y … su nombre que todo lo dice, que todo lo conmueve en glorioso torbellino de pasiones.
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> Se entiende así el elevado grado de arraigo con nuestra tierra de quienes nacimos en ella, que ocho de cada diez de sus habitantes somos nativos según recientes estudios sociológicos. Dicen que será por la suave climatología, las muchas horas de luz, el bello paisaje urbano, el variopinto paisanaje y la apacible filosofía colectiva de vida. No es chauvinismo, sino la ensoñación cierta de estar poseídos por el embrujo de este espacio.
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> Es que eres en definitiva causa fundamental de nuestra alegría, metrópolis inmensa, porque nos llenas de gozo y profunda felicidad. Eres parte importante de nosotros que vivimos en ti porque, como sospechó Antonio Gala, tenemos razón al creerte “la ciudad más bonita del mundo”. Eres la urbe de todos los amores posibles, surgidos de tu gracia plena. Eres en fin un impagable regalo de Vida, ciudad querida. Por eso eres tú la ciudad más amada, Sevilla.
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> José Joaquín Gallardo es abogado.

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