ROCÍO, 20 AÑOS CONTIGO

ROCÍO, 20 AÑOS CONTIGO

Por Marina Bernal Guerrero

La niña de los Pililla nunca se fue. La niña de los Pililla se quedó para siempre en Chipiona. Se quedó asomada al balcón del Humilladero para respirar la inmensidad del mar, se quedó a las puertas del Santuario de Regla para saludar a su Virgen morenita, se quedó comiendo burgaos y cañaíllas o dándole mordiscos al limón que cogió en el patio de la casa de su tío Antonio, se quedó sentada en unbanco de la Avenida de Regla comiendo pipas con las amigas. Allí está ella, en cada rincón, en cada establecimiento público, en cada hogar chipionero, en la guardería que lleva su nombre en La laguna, en el monumento de Juan de Ávalos delante del puerto deportivo, en el cementerio de San José sentada con su bata de cola como la esculpió Sanguino, y muy cerquita de su querido Juan de la Rosa. Está en la Avenida que lleva su nombre y por supuesto en su museo, a la entrada de Chipiona, inaugurado por Rocío Carrasco y el alcalde, Luis Mario Aparcero, el 2 de Julio de 2022. Está también en el himno de Andalucía que suena en cada acto institucional, porque desde el 2019 el Ayuntamiento de Chipiona aprobó por unanimidad una propuesta para que la versión que Rocío interpretó en la película “La Lola se va a los puertos” sea el himno oficial de Andalucía.

Su voz inunda todas las playas de Chipiona cada atardecer, desde el Chiringuito Pepe, en la Playa de Camarón, Rocío despide el día cantando por bulerías “Que no daría yo”, el himno de la melancolía que le compuso José Luis Perales. Pepe, el propietario, con su sonrisa tatuada, hace coincidir la entrada del sol en el agua con su último verso “y oyendo el suspiro del mar”. También desde el Awa, junto al Picoco, a los pies del faro, donde su amiga Sole (la mujer de Picoco que acompañó durante años a Lola Flores) recuerda muchas anécdotas sentada en su terraza. Está presente en la Playa de las Canteras, a la que acudía cada verano con su familia recordando los baños de la infancia y donde grabó el videoclip de la canción “Me ha dicho la luna” compuesta por Rafael del Estad. Vestida de negro y a los pies del Faro, quiso que Chipiona formara parte de su adn profesional una vez más.

Pero es que hasta su voz se oye en el Santuario de Regla, cuando el rector Fray Juan José Rodríguez Macías imparte la homilía de cada 1 de junio y recuerda que “si la Virgen de Regla cantara tendría la voz de Rocío”, o Fray Juan, que la conoció, rememora sus visitas cada vez que llegaba a Chipiona. Este último llegó a Chipiona el 14 de noviembre del 75. Conoció a Rocío en casa de su tío Antonio “Pililla”, ella era su artista de flamenco y de copla preferida, la admirada antes de conocerla, y la quiso mucho tras presentársela su tío y reencontrarla, año tras año, cada Semana Santa y cada 8 de septiembre en su cita con la Virgen de Regla. También la veía en cada visita a Chipiona que siempre finalizaba visitando a su Virgenmorenita.

“Cuando Rocío llegaba a Chipiona le cantaba a su Virgen y le cantaba a su gente, era una cristiana comprometida con su fe, bondadosa, llena de virtudes y muy espléndida, incluso colaboró con un donativo de 300 euros para las cortinas del prebisterio de la Virgen. Ella llegaba al Santuario y llegaba la alegría”, recuerda el fraile.

Yo la conocí en su pueblo, que terminó siendo el mío. Era una estudiante de periodismo que empezaba a abrirme camino y ella una estrella que había triunfado en América y en España. Me impactó su mirada, felina y dulce al mismo tiempo, sus ojos rasgados que te miraban y te veían por dentro y sus manos, con dedos largos de pianista, y esa forma en la que las movía como si fueran dos palomas. Se conocía bien y se crecía. La Jurado, la de los escenarios era la diva, la voz, el descaro, la pasión. La Mohedano, la mujer, era la generosidad, la fragilidad, la dulzura y la humanidad. Eran dos mujeres que en realidad era una sola, porque si grande era la artista más grande era la mujer.

Nunca he conocido a nadie con una pasión tan desmedida por el arte y la belleza, conocedora del don de su voz lo regalaba sin importarle el tiempo cuando se sentía querida y escuchada. Rocío no habría podido vivir sin música ni sin amor, Rocío daba amor a través de la música y era amor.

Sabia, autodidacta, inteligente y muy perfeccionista. Tremendamente ordenada y con una memoria prodigiosa. No podía soportar las injusticias y se convertía en abanderada de las causas en las que creía sin importarle el precio a pagar. Ella representaba la dignidad y el respeto por el trabajo bien hecho.

El 1 de junio del 2026 se cumplen 20 años de la ausencia física de Rocío Jurado pero en Chipiona estos 20 años han sido presencia continua. Rocío Mohedano Jurado se convirtió de manera natural en la embajadora universal de su pueblo, una localidad costera de Cádiz donde se encuentra el faro más alto de España. Pueblo marinero, agrícola y turístico que marcó el carácter de una mujer nacida para cantar. Rocío salió de Chipiona siendo muy joven pero Chipiona nunca salió de ella.

Su energía vital fue tan grande que hasta el último momento continuo haciendo proyectos, como un musical. Tras el rotundo éxito de Azabache en la Expo 92 quiso realizar otro que nunca pudo finalmente llevarse a cabo. También le quedó pendiente grabar un disco con poemas de Rafael Alberti, musicados por Antonio Martín, uno de los grandes del carnaval de Cádiz y su compadre, el disco no llegó a grabarse pero el proyecto permanece intacto 20 años después y sería un bonito homenaje hacerlo ahora a través de otras voces.

El retrato humano de Rocío lo dibujan desde Tico Medina, Antonio Burgos, Jesús Quintero a Luis del Olmo, Carlos Herrera, Isabel Gemio o Rosa Villacastín. Desde Javier Osborne, Javier de Montini, Antonio Cuenca, cuyas fotografías ilustran el libro, a María Vidal, la única artista superviviente y en activo de Azabache. También la recuerdan Los del Río, que son los únicos que han conseguido unir musicalmente a los dos grandes, la Jurado y la Pantoja, en un disco en el que ambas grabaron junto a ellos.

Además de esos testimonios hablan sus hermanos, Gloria y Amador, su marido, José Ortega Cano y su primo Manuel Jurado. El vínculo con sus seguidores era tan grande que dos de ellas, Carmeli y Paqui Barroso, se convirtieron en personas de su círculo familiar. Quedaron impactadas al verla en TVE en el programa musical “Luces en la noche” y no pararon hasta conseguir su teléfono e ir a conocerla a Madrid . Era el año 74, vivía en la calle Núñez de Balboa y en aquel primer encuentro en el que Rocío las recibió junto a su madre y Juan de la Rosa conocieron también a Pedro Carrasco. La pareja estaba empezado y se casarían dos años después en el Santuario de Regla.

Su deseado museo en Chipiona se inauguró el 7 de Julio de 2022, fue su hija mayor y heredera universal, Rocío Carrasco, la encargada de hacerlo junto al alcalde de la localidad Luis Mario Aparcero. Artistas como Miguel Poveda, la cantaora Encarna Anillo o las bailaoras Aurora Caraballo y su hija Andrea Martín recordaron aquella etapa primera flamenca de Rocío en el tablao madrileño de El Duende de Pastora Imperio y Gitanillo de Triana.

La generosidad de Rocío, otro de sus rasgos más característicos, fue tal que quiso compartir ella misma su enfermedad y pronunciar la palabra cáncer sin miedo y desde la serenidad, en septiembre del 2004 reunió en su casa a los medios de comunicación para contarlo. En la última entrevista que concedió a su gran amigo Jesús Quintero, emitida en enero del 2006 por TVE, reconoció que lo hizo de forma totalmente voluntaria:

“Lo hice porque quise, había muchos rumores, se decían muchas cosas y la que de verdad sabía lo que pasaba era yo y quien mejor que yo para explicarlo, creía que era mi obligación. Reuní a todos los medios para contarlo”

Este libro pretende ser un reconocimiento a la mujer y a la artista, a la chipionera y a la andaluza universal, a la voz y al carisma. Este es un libro que recuerda que veinte años después Rocío sigue contigo, conmigo, con todos, porque ella cuando llegaba nunca se marchaba. Tuve la gran suerte de conocerla, entrevistarla y tratarla en numerosas ocasiones y también he creído que era mi obligación contarlo.

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